Crónicas Tropicales

A las seis de la mañana, ya es muy tarde.


Por: Carlos A. Fernández-Miñope  | 14 de diciembre, 2017

Cuarenta y cinco minutos de viaje en pecamari urgen para llegar desde Iquitos hasta San José de Lupuna, y de allí, veinticinco más de camino a pie, entre el calor y la humedad de una mal cuidada trocha, llevan a San Pedro y Santa Rita, dos comunidades que se alzan incansables en el corazón de una selva maternal.

 

rio

 

Eliseo, que conoce bien la extensión del trayecto que le aguarda, encuentra presto las seis de la mañana a salir del Laboratorio Satélite de Iquitos. En el lunes de su agenda lleva escrito que es día de tomar muestras. Eliseo coordina esta labor, y ayudado por los promotores habrá de visitar varias familias, colectando muestras, en la caza de un microscópico parásito, que confundido entre su sangre les consume la vida.

Láminas de vidrio, lancetas, algodón, alcohol, esparadrapo, guantes, - y más - permanecen en la casa de Pablo, promotor de salud de la comunidad a donde hoy se dirigen. Una vez en casa de Pablo, organizar todo le tomará a Eliseo, cuando menos, una hora más. Tiene el compromiso de ser muy cuidadoso, una vez andando o ya dentro de las casas, no puede faltar algo, y cualquier confusión o retraso innecesario puede perjudicar la colecta o el proceso futuro de las muestras. Un riesgo que siempre acecha, pero que la calma y precaución mantienen lejos.

Ninguna de las comunidades tiene agua potable. El calor hace que las casas permanezcan abiertas, a las personas, y a los mosquitos. Las ventanas interrumpen la continuidad de las paredes al mantenerse abiertas todo el día. Sean de ladrillo, madera, o triplay, los muros no alcanzan el techo, hecho de calamina, si el dinero permitió, o tejido de hojas de Irapay. El calor mantiene lejos al mosquitero pero no a los mosquitos, que ingresan por estas aberturas. Los riesgos de trabajar en el campo incluyen enfermar con malaria, y más.

Pablo y un promotor más acompañan a Eliseo. Los promotores ingresan a las casas, uno por casa, con la mirada atenta y ayuda del Eliseo. Cada familia guarda una historia particular, las más pequeñas pueden tener tres integrantes, las más extensas hasta trece, por cada día visitan veinte de ellas. 

La participación del promotor es esencial. Pablo es un socio apreciado de la comunidad, y cada familia que visita confía en su habilidad para hacer bien las cosas, poniendo en sus manos tanto a los más niños como a los más ancianos. Como promotor ha recibido múltiples capacitaciones, por parte del centro de salud encargado de la comunidad donde él vive, y además por el proyecto para el cual hoy colecta muestras. Y no sólo esto, todos los meses participa activamente en reuniones donde se planifican las actividades a realizar, se discute el estado actual del proyecto, los problemas encontrados, y las soluciones a ellos.  


recolectores

 

A pesar de ser muy temprano en la mañana, el trabajo de Pablo no empezó allí. La noche anterior ha visitado las casas de aquellas personas que, por trabajo, estudios, u otra razón, no es posible encontrar durante el día. Las destrezas adquirida durante su entrenamiento le permiten tomar con seguridad las muestras de gota gruesa y sangre en papel filtro, además de recolectar toda la información necesaria, que escribe en las fichas de seguimiento. Esta pericia hace posible llegar a toda la comunidad, permitiendo colectar muestras que de otra forma se perderían y, con ellas la valiosa información que guardan.

Algunas o muchas veces, la familia que visiten expresará su rechazo a entregar una muestra de sangre- ¿y por qué no?-. Ser pinchado todos los meses con una aguja puede ser, sino incómodo, agotador. No obstante, Pablo y Eliseo harán su mayor esfuerzo por convencerlos, más allá del proyecto, las comunidades lo necesitan, entender este incomprendido y complejo proceso de transmisión de la malaria da la razón al sacrificio. 


 

 

“La participación del promotor es esencial […] es un socio apreciado de la comunidad, y cada familia que visita confía en su habilidad para hacer bien las cosas.”

 

 


 

 

Las lluvias que inician en noviembre, se hacen más intensas en marzo de cada año, provocando la crecida de los ríos, y manteniendo un ambiente húmedo y frío. Una lluvia fuerte de media hora y, luego, una llovizna permanente, disminuyen el número de muestras que llegan a tomarse, y hacen que el tiempo en el que estas están listas para transportarse se extienda unas horas más. 

 

Cuando el día termina, Eliseo reúne las muestras, las ordena, organiza, y lleva de regreso al Laboratorio Satélite de Iquitos. Allí se harán las tinciones y lectura de las láminas. Los resultados serán entregados al día siguiente al personal del puesto de salud, quienes se encargan de dar el tratamiento cuando es necesario. Las muestras de papel filtro tendrán otro destino, a partir de ellas se obtendrá el ADN del parásito, para lograr el diagnóstico molecular, la genotipificación, el secuenciamiento y otras más. Técnicas avanzadas que se realizan en el mismo Laboratorio Satélite en Iquitos, en Lima, o en otro lugar del mundo. Con la información obtenida se escribirán proyectos, tesis, y artículos, que buscan en su conjunto entender la malaria para así controlarla y, en el futuro, eliminarla de la Amazonía Peruana. Sin importar que tan cara, compleja y especializada sea la técnica de análisis, sin el trabajo de Eliseo, Pablo y otras personas más, poco o nada sería posible.

 

Es un martes más, y Eliseo, mochila en mano, camina presto a salir del Laboratorio Satélite de Iquitos. Son las seis de la mañana, y ya es muy tarde.

 

 


 

Laboratorio de Malaria – LID – IMTAvH - UPCH.

Inicio